Cuando preparaba el viaje pensaba, probablemente más con mentalidad de turista que de viajero, que lo más interesante que iba a encontrar serían los paisajes, los monumentos, la historia... y sin embargo la mayor riqueza ha estado sin ninguna duda en la gente que me he encontrado.
La belleza del paisaje tailandés puede ser extraordinaria pero la sensación que te produce es pequeña si se compara con lo que sientes cuando en un poblado los locales te invitan a sentarte a charlar con ellos y a compartir unos pedazos de fruta.
Estando ahí te das cuenta que sus sonrisas son enormes
y que por algún misterioso mecanismo son capaces de elevar tu espíritu.
Cuando partes te sientes cargado de energía, te han dado mucho más
que sonrisas y pedazos de fruta, te han aceptado y querido, por unos minutos
has formado parte del grupo, de su vida. Te vas y no te despides de un grupo
de
extraños,
te despides de un grupo de amigos. El viaje es una continua despedida, pero
también es una continua bienvenida, si no me hubiese
ido de allí no habría llegado aquí, es lo que me motivaba
a continuar.
En este tiempo de viaje he conocido muchísima gente. Por un lado, la
de los lugares por los que he pasado, protagonistas de su cultura, geografía
e historia. Mujeres vietnamitas que siembran arroz y que por un momento detienen
su trabajo para charlar contigo al borde de la carretera. Pastores turcos que
en las montañas, protegidos por inmensos perros con collares de clavos
te invitan a un té y te hablan de los habituales ataques de los lobos.
Familias japonesas que te presentan la comida envuelta en una ceremonia delicadísima.
Jinetes gauchos que llegando de la nada te cuentan las historias de la Pampa...
Por otro lado viajeros/as con los que he compartido aventuras y vivencias. Gente
que he encontrado en el camino (a veces mas de una vez: Anne, Mercé, Feliu,
Daniel, Mónica, Lino, Pepa, Marianne, Antonio, María, Nico, Pablo,
Jeff, Juanjo, Ube, Britta, Miro....), que habla tu mismo idioma y con quien todavía
me mantengo en contacto, éstos forman parte de tu familia de viaje.
Estas líneas son un homenaje y un reconocimiento para todos aquellos/as
con los que me he encontrado en el camino y me han dado la energía para
continuar. La siguiente es una lista de quienes me han acogido en su casa. Seguro
que faltan personas, lo siento, papeles que se han perdido, gente autóctona
de la que no lo tengo, también va por ellos/as.
MILLONES DE GRACIAS A...
En Estavillo: HUGO Y BELÉN.
En Miranda: LOS ARAIKO.
En Madrid: NATXO, OSCAR Y LOLA.
En Mérida: TERESA, REBECA Y LIDIA.
En Santo André: ERNANI, PAQUI, FÉLIX Y DANILO.
En Curitiba: ALVARO Y FAMILIA, CAYO.
En Uruguayana: CARLOS, NARA Y VIFRAN.
En Montevideo: ERNESTO, PABLO.
En Buenos Aires: FLOR.
En Rosario: CARLOS, JUAN CARLOS Y MARTA.
En Córdoba: KENA, NORBERTO, EUGENIO, LA GENTE DE LA EUSKAL ETXEA.
En Mendoza: RICARDO, SARA, MIRIAM Y CRISTINA.
En Santiago: UDO, ANDREA; SERGIO y ANNE.
En Tahití: BENE.
En Auckland: JEFF y VERA.
En Taupo: NEREA Y DANNY.
En Nelson: KEITH, ANNETTE WIN y familia.
En Sydney: BEATRIZ Y CRISTINA.
En Singapur: PABLO.
En Bangkok: IZASKUN Y LUIS.
En Pnom Penh: ESTHER Y ROBERTO.
En Shangai: WENDY.
En Osaka: ARMANDO, TXEMA, PAOLA, JORDI, SHIMANO STAFF.
En Hiroshima: NICOLAS.
En Beijing: ANTONIO Y MARIA, ELENA, EDUARDO, EILEEN, ALEX, MARIANO Y FAMILIA.
En Bangkok: MERCÉ.
En Estambul: CEMAL, ZAFER, AISEGUL, VERIBAN, ÇIDAM, GÜNEY, SHELJA
...
En 2 Mai: DANI y amigos.
En Bucaresti: MARIAN CONSTANTINESCU.
En Pitesti: CASA VITORIA.
En Kisvarda: familia BAKO.
En Polonia: familia FIDZINSKI.
En Metlika: familia PREVALSEC.
En Novo Mesto: BOJAN STEZIMAR.
En Venecia: ELENA.
En Florencia: SIMONE y LLARIA.
En Pisa: VALERIA Y FRANCESCA.
En Livorno: JACOPO y SIMONA.
En Nápoles: GINO.
En Paola: DOMENICO y GIOVANNA.
En Oristano: ENMANUELE Y NANDO.
En Montpellier: ELENA.