Los amigos de Boa Vista (la última ciudad de Brasil) nos habían pasado el contacto de Javier, un vasco ya jubilado que junto con Maritere, su mujer, pasan aquí en Santa Elena (la primera ciudad venezolana) seis meses al año. Javier lleva años recolectando información cultural de los indios pemón en forma de materiales en vídeo y audio con la idea de que en el futuro esté a disposición de sus profesores/as y puedan utilizarlo como material pedagógico en las escuelas de las comunidades indígenas.
Cuando conocemos a Javier nos invita a participar en un día de pesca con algunos amigos indígenas de esta etnia. Mientras nos recoge en su viejo Jeep, antes de amanecer, nos avisa de que aunque en principio es para pescar, quedar con estos amigos es siempre una incógnita porque a menudo cambian de idea y quieren hacer cualquier otra cosa. Algo que le interesa a Javier (y a nosotros también) es que alguien de la comunidad, alguna persona mayor, nos narre algún cuento o cante alguna canción tradicional porque la transmisión de la cultura entre los pemón se hace oralmente y tienen un folklore muy rico.

Circulamos por una carretera sin tráfico y en excelente estado que discurre por hermosos paisajes de la sabana venezolana adornados con las siluetas de los “tepuyes”, las extraordinarias montañas en forma de meseta.

Tras recorrer unos 50 kilómetros llegamos a Mapaurí, la pequeña aldea indígena en la que hemos quedado. Nos llama la atención las casas, que aunque mantienen la estructura indígena en forma de maloca, son nuevas y amplias, nada que ver con los poblados indígenas que hemos visto en el norte de Brasil, mucho más precarios. Según nos dice Javier son construcciones promovidas por el gobierno de Chávez.
Cuando Paulino oye el motor sale de casa, saluda y sube al coche con una de sus hijas. También se apunta Joaquín, un amigo suyo. Gente simpática y agradable, entre ellos hablan en pemón y con nosotros en un castellano básico.
Ya en la carretera Paulino y Javier bromean. Javier le recuerda que le gustaría grabar algunos cánticos en pemón y Paulino le indica un camino de barro que sale de la carretera y que nos llevará a la casa de unos conocidos.

Llegamos a un río donde dejamos el coche y lo atravesamos caminando por un tronco de palmera colocado a manera de puente. Detrás encontramos una vivienda pemón formada por una cabaña que hace de casa y un comedor externo protegido de la lluvia y el sol por un tejado de burití, las ramas de un tipo de palmera.
Nos recibe la madre, Paulino le saluda y hace las presentaciones en su idioma. Esta parte parece ser importante para los pemón que no sólo saludan a los adultos/as sino que también van dando la mano a todos los niños/as. La mujer, que no habla castellano, dice que es la hija de un conocido piasán, un payé o chamán pemón, y que conoce las canciones usadas en las curaciones. Tras ofrecernos caxirí (la bebida de yuca que no falta entre los indígenas al norte del Amazonía) y un desayuno de casabe (una torta de harina de yuca) con salsa de pescado picante se anima a cantarnos uno de los cánticos.

Muy serena, se sienta donde le indicamos para aprovechar la mejor luz y poder grabarla en vídeo y comienza con voz suave un hermoso canto en lengua pemón.



Los niños están curiosos y no pierden un detalle, se divierten con nosotros y nos piden ver lo que hemos grabado. Afortunadamente los pemón parecen sentir orgullo de su cultura, algo fundamental para asegurar su conservación.
Poco después Paulino le dice a Javier: “¡Ahora sí vamos a pescar!”. La vida social para los pemón tiene una gran importancia y una actividad como salir de pesca parece ser una excusa para visitar a parientes y amigos. Estas familias aún y todo están relativamente cerca pero el territorio Pemón es enorme y muchas viven en lugares casi inaccesibles a los que sólo se llega en avioneta o caminando durante semanas. Javier nos cuenta que los pemón están acostumbrados a hacer largas caminatas a un ritmo muy rápido, tanto es así que el conuco, el plantío de una familia, puede estar situado a bastantes kilómetros de la casa.
Nos despedimos y volvemos al coche. Nos dirigimos a otra pequeña comunidad, San Gabriel, cuyo acceso todavía es más complicado. El viejo jeep de Javier, a pesar de tener tracción a las 4 ruedas, pasa con dificultad los ríos y las pronunciadas cuestas. Tras una hora por caminos de barro llegamos a la casa de otra familia amiga de Paulino.

De nuevo se repite el protocolo, Paulino nos presenta en pemón (esta familia tampoco habla castellano) y rápidamente preparan la mesa con kaxiri en abundancia, casabe, salsa picante y en este caso, unos pescados a la plancha. Aquí también la cordialidad y la generosidad son grandes, algo que parece ser propio de esta cultura indígena.

Miyuki, Javier, Paulino y Joaquín.
Javier responde a la invitación sacando los bocadillos que traía para la excursión y compartiéndolos con la familia. Los hombres no están en la casa y las mujeres rallan yuca rodeadas de niños/as, también esta vez bajo la protección de un tejado de burití. En el trabajo participan casi todos, desde la abuela a los niños más pequeños.


Paulino y Joaquín hablan alegremente con las mujeres, parece que hace mucho que no venían por aquí. Después de un rato Paulino nos mira y como bromeando, repite la frase que nos despidió en la anterior casa: “¡Ahora sí vamos a pescar!”.
Y parece que ahora es cierto, caminamos por una vereda campo a través y llegamos a un ancho río cuya agua discurre lentamente. En él alguien dentro de una canoa está pescando, es Eduardo, el padre de la familia que acabamos de dejar. Eduardo habla castellano y tras los saludos nos dice que lleva pescando unas horas, desde el amanecer, y que ya le ha llegado la hora de volver a casa.
Paulino y Joakin preparan los anzuelos, Javier les toma el pelo: “¡ahora vamos a ver si decíais la verdad con eso de que sois buenos pescadores!”, Paulino sonríe y pone de excusa que ya es un poco tarde, la mejor pesca es al amanecer.

Joaquín realiza un “tarén”, una especie de rezo pemón sobre el anzuelo antes de lanzarlo al agua pidiendo buena pesca.
Parece que funciona porque enseguida saca un pez, aunque es demasiado pequeño y lo devuelve al agua. Comienza a llover fuerte y nos retiramos hacia el coche.

La actividad de pescar en este supuesto “día de pesca” ha sido de 5 minutos pero no importa, lo interesante es haber podido visitar estas familias pemón de cultura tan original en un paisaje como el de la Gran Sabana.

Volvemos de nuevo a Santa Elena entre fuertes tormentas por la carretera que cruza la Gran Sabana y que tendremos que tomar más adelante para seguir camino hacia Caracas.
Recomendamos visitar:
www.mundopemon.org: completa página Web en la que Javier publica las informaciones que va recabando sobre la cultura pemón.
www.survival.es: página Web en castellano de Survival, la organización internacional que defiende los derechos de los pueblos indígenas.
(*Em português)
Um dia com os pemón
Os amigos de Boa Vista (a última cidade do Brasil) haviam nos passado o contato de Javier, um basco já aposentado que junto com Maritere, sua esposa, passam aqui em Santa Elena (a primeira cidade venezuelana) seis meses por ano. Javier leva anos recolhendo informações culturais dos índios pemón em forma de materiais de vídeo e áudio, com a idéia de que no futuro esteja à disposição de professores e possam utilizar como material pedagógico nas escolas das comunidades indígenas.
Quando conhecemos Javier ele nos convidou a participar de um dia de pesca com alguns amigos indígenas desta etnia. Quando nos recolhe em seu velho Jeep, antes de amanhecer, nos avisa que apesar de que em principio é para pescar, marcar com estes amigos é sempre uma incógnita porque às vezes mudam de idéia e querem fazer qualquer outra coisa. Algo que interessa a Javier (e a nós também) é que alguém da comunidade, alguma pessoa adulta, nos narre algum conto ou cante alguma canção tradicional porque a transmissão da cultura entre os pemón se faz oralmente e tem um folclore muito rico.

Circulamos por uma estrada sem tráfego e em excelente estado que percorre belas paisagens da savana venezuelana enfeitados com as silhuetas dos “tepuis”, as extraordinárias montanhas em forma de mesa.

Depois de percorrer uns 50 quilômetros chegamos a Mapaurí, a pequena aldeia indígena na qual marcamos o encontro. Nos chama a atenção as casas, que ainda que mantenham a estrutura indígena em forma de maloca, são novas e amplas, nada a ver com os povoados indígenas que temos visto no norte do Brasil, muito mais precários. Segundo nos diz Javier são construções promovidas pelo governo de Chávez.
Quando Paulino ouve o motor sai de casa, saúda e sobe ao carro com uma de suas filhas. Também Joaquín, um amigo seu, decide vir. Gente simpática e agradável, entre eles falam em pemón e conosco em um castelhano básico.
Já na estrada, Paulino e Javier brincam. Javier lhe recorda que gostaria de gravar alguns cânticos em pemón e Paulino lhe indica um caminho de barro que sai da estrada e que nos levará à casa de uns conhecidos.

Chegamos a um rio onde deixamos o carro e o atravessamos caminhando por um tronco de palmeira colocado como ponte. Atrás encontramos uma vivenda pemón formada por uma cabana que serve de casa e um espaço externo protegido da chuva e do sol por um telhado de folhas de buriti, um tipo de palmeira.
Nos recebe a mãe, Paulino lhe saúda e faz as apresentações em seu idioma. Esta parte parece ser importante para os pemón que não somente saúdam aos adultos mas também vão cumprimentando a todas as crianças. A mulher, que não fala castelhano, diz que é a filha de um conhecido piasán, um pajé ou xamã pemón, e que conhece as canções usadas nas curações. Depois de oferecer-nos Kaxirí (a bebida de mandioca que não pode faltar entre os indígenas ao norte da Amazônia) e casabe (uma torta de farinha de mandioca conhecida no Brasil como beiju) com molho de peixe picante se anima a cantar um dos cânticos.

Muito serena, se senta onde lhe indicamos para aproveitar a melhor luz e poder gravá-la em vídeo e começa com voz suave um belo canto em língua pemón.



As crianças estão curiosas e não perdem um detalhe, se divertem conosco e nos pedem para ver o que gravamos. Afortunadamente os pemón parecem sentir orgulho de sua cultura, algo fundamental para assegurar sua conservação.
Pouco depois Paulino diz a Javier: “Agora sim vamos pescar!”. A vida social para os pemón tem uma grande importância e uma atividade como sair a pescar parece ser uma desculpa para visitar parentes e amigos. Estas famílias estão relativamente perto porém o território Pemón é enorme e muitas vivem em lugares quase inacessíveis aos quais só se chega em pequenos aviões ou caminhando durante semanas. Javier nos conta que os pemón estão acostumados a fazer longas caminhadas a um ritmo muito rápido, tanto é assim que o conuco, o plantío de uma família, pode estar situado a muitos quilômetros da casa.
Nos despedimos e voltamos ao carro. Nos dirigimos a outra pequena comunidade, San Gabriel, cujo acesso é mais complicado. O velho jeep de Javier, apesar de ter tração nas 4 rodas, passa com dificuldade os rios e as pronunciadas ladeiras. Depois de uma hora por caminhos de barro chegamos à casa de outra família amiga de Paulino.

De novo se repete o protocolo, Paulino nos apresenta em pemón (esta família tampouco fala castelhano) e rapidamente preparam a mesa com kaxiri em abundância, casabe, molho picante e neste caso, uns peixes na chapa. Aqui também a cordialidade e a generosidade são grandes, algo que parece ser próprio desta cultura indígena.

Miyuki, Javier, Paulino e Joaquín.
Javier responde ao convite pegando os sanduíches que trazia para a excursão e repartindo com a família. Os homens não estão na casa e as mulheres ralam mandioca rodeadas de crianças, também esta vez debaixo da proteção de um telhado de buriti. No trabalho participam quase todos, desde a avó até as crianças menores.


Paulino e Joaquín falam alegremente com as mulheres, parece que faz muito que não vinham por aqui. Depois de um tempo Paulino nos olha e como que brincando, repete a frase que nos despediu na casa anterior: “Agora sim vamos pescar!”.
E parece que agora é certo, caminhamos por uma vereda através do campo e chegamos a um largo rio cuja água corre lentamente. Nele alguém dentro de uma canoa está pescando, é Eduardo, o pai da família que acabamos de deixar. Eduardo fala castelhano e depois das saudações nos diz que leva pescando umas horas, desde o amanhecer, e que já é chegada a hora de voltar para casa.
Paulino e Joaquin preparam os anzóis, Javier pega no pé: “agora vamos ver se dizias a verdade com isso de que são bons pescadores!”, Paulino sorri e coloca a desculpa de que já é um pouco tarde, a melhor pesca é ao amanhecer.

Joaquín realiza um “tarén”, uma espécie de reza pemón sobre o anzol antes de lançá-lo à água pedindo boa pesca.
Parece que funciona porque em seguida tira um peixe, ainda que é demasiado pequeno e o devolve à água. Começa a chover forte e nos retiramos até o carro.

A atividade de pescar neste suposto “dia de pesca” foi de 5 minutos, porém não importa, o interessante é ter podido visitar estas famílias pemón de cultura tão original em uma paisagem como a da Grande Savana.

Voltamos de novo a Santa Elena entre fortes tormentas pela estrada que cruza a Grande Savana e que teremos que tomar mais adiante para seguir caminho até Caracas.
Recomendamos visitar:
www.mundopemon.org: completa página Web na qual Javier publica as informações que vai recolhendo sobre a cultura pemón.
www.survival.es: página Web em castelhano de Survival, a organização internacional que defende os direitos dos povos indígenas.
*Traduzido ao português por Álvaro S. Campos.
![]() |