Faustinarekin munduratuz–Mundoreando con faustina

El entrenamiento de contar las aventuras de los viajes a nuestros pequeños en casa ha derivado en un bonito proceso creativo, una obra de teatro infantil en la que conseguimos que los niños y niñas sientan lo interesante y divertido que puede ser descubrir el mundo a golpe de pedal. En la siguiente entrevista explicamos cómo ha sido este proceso.

Eneko Etxebarrieta es conocido por sus aventuras en bici. En 1999 salía de Gasteiz rumbo a Estambul. En el trayecto la experiencia le ofreció tanta intensidad que no pudo parar y a lo Forrest Gump continuó pedaleando hacia el Este hasta completar la vuelta al mundo. Lo que iba a ser una aventura de cuatro meses se convirtió en una odisea de cuatro años que tal como reconoce, le cambió la vida. Además de ofrecerle profundas vivencias y amigos por todo el globo, el viaje también le presentó a Miyuki, una ingeniera brasileña de origen japonés que decidió dejar familia y trabajo para acompañarle pedaleando. Después de un viaje llegó otro, en un intento de dar la vuelta al planeta en tándem, se pasaron casi 3 años y medio recorriendo Sudamérica desde su extremo sur, Ushuaia, hasta Caracas, ya en el Caribe, donde supieron que iban a ser padres.

Decidieron hacer una pausa en ese proyecto para tener a su hijo Akira en casa. Dos años más tarde llegó Kenta. En estos momentos la familia vive en Vitoria-Gasteiz dedicada a cuidar a los dos pequeños, y a comunicar sus experiencias viajeras por medio de proyecciones. Ahora Eneko presenta una obra de teatro para peques, “Faustinarekin Munduratuz, pedaleando con Faustina”.

¿Eneko, por qué empiezas a viajar?

Tras estudiar en la Escuela de Cine y Vídeo de Andoain hice magisterio. Al terminarlo pensé que para explicar a los niños como es el mundo primero hay que conocerlo y que la mejor manera era pedaleando. Quería ir hasta Estambul pero sin darme cuenta fui atrapado por el espíritu de los viajes en bicicleta y la cosa se alargó.

Te atreves con todo, ahora con una obra de teatro.

Es parte de un proceso al que hemos llamado Acercando El Mundo. Para comunicar lo que hemos visto y vivido en los viajes tenemos mucho material fotográfico y de vídeo. Esto funciona muy bien en las proyecciones, con jóvenes y adultos, pero hemos descubierto que para “acercar el mundo” a los niños hay caminos más adecuados, tienen la imaginación todavía muy viva y es mejor sugerir que mostrar, eso lo aprendimos con los hijos en casa.

¿Cómo?

En casa tenemos una filosofía particular, cero televisión. No nos gusta lo que se les ofrece y hace un par de años tapamos este aparato con una sábana que solo quitamos de vez en cuando para mostrarles una película o algo que nos parezca que les puede ser interesante. Olvidada la televisión tenemos más tiempo para contarles las aventuras que nos han ocurrido en los viajes. Les encanta, viven estas historias con una intensidad que no les da la tele, y creemos que aprenden mucho. Se me ocurrió que si este recurso pedagógico funcionaba así con ellos también lo haría con los demás. Empecé a pensar en preparar algo para niños y niñas y llegué a la conclusión de que el mejor camino era el teatro.

¿Has contado con ayuda?

Si, he tenido mucha suerte. Aquí en Vitoria está Teatro Paraiso, una compañía de teatro infantil referencia en el Estado, el año pasado fue Premio Nacional de las Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud. Hablé con Pilar López, su directora y le expliqué la idea que tenía. Le gustó y a través de Kunarte, un proyecto de fábrica de creación, me pusieron un profesor de la compañía, Javier Fernández. Juntos preparamos el guión y me enseñó cómo actuar, un trabajo muy intenso de varios meses.

¿Cómo es la obra?

Salgo a escena con Faustina, mi bicicleta y amiga, que tiene la facultad de hablar mediante el timbre, y juntos invitamos a los niños y niñas a que vengan con nosotros. Vamos pedaleando el mundo mientras aparecen en pantalla imágenes de lugares y personajes reales de mis viajes con los que interactuamos y nos suceden cosas. Así subimos al Himalaya y nos encontramos con una familia tibetana y sus yaks, acampamos junto a la Muralla China, recibimos ayuda de aborígenes australianos,… El guión es muy divertido y está lleno de aventuras, el sonido ambiente potencia las diferentes atmósferas, y la guinda es la música de Bingen Mendizabal, todo un finalista de los Goya a la mejor composición, quien ha hecho un trabajo maravilloso.

¿Qué es lo más importante que aprenden los niños y niñas?

El factor pedagógico es fundamental, soy maestro y además he contado con el asesoramiento de algunas compañeras. Ofrecemos a los niños y niñas el ejemplo de un estilo de vida sano, relacionado con el deporte no competitivo, que promueve el deseo de descubrir y aprender cosas y pone en valor el esfuerzo personal necesario para avanzar. La bicicleta lo simboliza, es un vehículo accesible y muy sencillo, pero que con su esfuerzo y su deseo de conocer les puede ofrecer algo tan maravilloso como vivir aventuras y conocer el mundo, su gente y sus culturas. Es una filosofía opuesta al consumismo que están recibiendo permanentemente a través del bombardeo publicitario.

¿Por qué el nombre de “Mundoreando con Faustina”?

Faustina es la bicicleta, un personaje fundamental de la obra y “mundoreando” porque invitamos a los niños a que “mundoreen”, a que investiguen, a que salgan de casa y conozcan su entorno, a que dejen atrás la televisión y el ordenador para descubrir las cosas por ellos mismos.

DOSSIER DE LA OBRA.

ANTZEZLANAREN DOSSIERRA.