22/06/08 – Vitoria-Gasteiz

¡En casa!

Si, después de 3 años y cuatro meses de nomadismo ya estamos en casa.

Vamos a contarte lo que ha pasado en estos últimos días, la despedida de Venezuela y el regreso a Vitoria.

Los cambios hormonales que se producen en el embarazo hicieron pasar a Miyuki un segundo y tercer mes de gestación con fuertes fatigas que le impedían continuar pedaleando por lo que nos quedamos descansando en el Centro Vasco de Caracas.

Tal como había previsto el médico, en el cuarto mes de embarazo el cansancio remitió y pudimos organizar el retorno a casa. Una de las tareas consistía en preparar el equipaje para meterlo en el avión. Lo que mayor dificultad nos planteaba a priori era el enorme tandem.

Afortunadamente el amigo Pedro Zohrer al diseñarlo había tenido en cuenta esta necesidad y lo fabricó con un mecanismo que permite dividir el cuadro en dos, por lo que los tres metros de bicicleta quedan reducidos a un paquete de poco más de un metro de longitud. La tercera rueda es la del remolque.

En Cuba hay un dicho que reza: “Más vale un amigo que un central” (refiriéndose a un central de producción de azúcar) y con Fernando, del restaurante Urrutia de Caracas, se cumple totalmente. Fernando tiene un acuerdo con una compañía aérea venezolana y nos ha facilitado en gran manera el regreso a casa con el enorme equipaje que portamos.

Hablando de amigos, no podemos olvidarnos de la maravillosa gente del Centro Vasco que nos ha acogido en Caracas como si fuésemos de la familia. En la imagen Unai entrega a Miyuki un regalo del grupo que nos será muy útil, un práctico chinchorro indígena para llevar al bebé cuando nazca.

Tras la despedida llegó el momento del viaje en avión, que fue bien a excepción de un pequeño error de cálculo, o mejor dicho, de olvido del cálculo.

Según los datos que teníamos, salíamos de Caracas a las 16:15 de la tarde y llegaríamos a Madrid a las 07:45 de la mañana del día siguiente. Era de noche, el vuelo iba tranquilo y Miyuki dormía hacía un rato. Yo ya cansado, acababa de dejar la lectura y me preparaba también para dormir cuando de repente se encendieron las luces de los pasillos y con gran actividad salieron las azafatas con los carritos comenzando a repartir los desayunos.

¿Desayunos a las 11 de noche?

Cuando me entregan la bandeja le pregunto a la azafata: “Disculpe señorita, ¿no son las 11 de la noche?

“En Caracas si pero en Madrid son ya las 5 y media de la mañana, llegaremos en poco más de una hora” me respondió.

Había olvidado las 6 horas y media de cambio horario entre Venezuela y España. Para poder dormir tendría que esperar a la noche siguiente.


Imagen retrospectiva del 12 de febrero de 2005, momentos antes de decir adiós a familia y amigos en la Plaza de la Virgen Blanca.

Y por fin el regreso a Vitoria-Gasteiz.

Al comienzo del viaje, cuando salíamos de casa, te hablábamos de los sentimientos contrastados que teníamos entonces. Alegría, casi euforia, por comenzar un sueño cargado de emociones, un proyecto en el que llevábamos trabajando muchos meses con energía y dedicación. Y la cruz de la misma moneda, no menos intensa, la tristeza de tener que despedirnos de familiares y amigos por un periodo muy largo.

40 meses más tarde, estos días, nos encontramos en el caso opuesto, con la lástima de haber detenido el viaje (aunque atenuado por la esperanza de retomarlo más adelante) y la gran alegría por volver a encontrarnos con la gente a la que queremos, y además, con el regalo del bebé que llegará en unos meses (por cierto, parece que va a ser niño).


La familia Etxebarrieta al completo, Miyuki, Begoña, Natxo, Amaia, Aitor, Reyes, Golfo, Eneko, Asier y Unax, el último en llegar, a quien hemos conocido ahora en el regreso. Desgraciadamente Elvira, la “matriarca” del grupo, nos ha dejado hace pocos días. El consuelo es que nos ha dado tiempo a llegar y despedirnos de ella.


Reencuentro en casa con grandes amigos/as ciclistas. De pie a nuestro lado están Bea, Leire y Luís (con quien viajé en bicicleta desde Turquía a la India en 1.999), y abajo Mikel, Eki, Rosa y Lur.


La plaza de la Virgen Blanca en un día azul.

Aunque hemos llegado a comienzos de verano el invierno parece no querer irse y las temperaturas todavía son frías. Afortunadamente estamos en pleno solsticio de verano, cuando se producen los días más largos del año, y no oscurece hasta pasadas las 10 de la noche.

Al poco de llegar nos reunimos con los medios de comunicación para explicarles como ha ido el proyecto y el viaje.

Tras más de tres años cerrada hemos encontrado la casa (un piso viejo de mis padres en el casco viejo de Vitoria que no utilizan) tremendamente sucia por lo que para poder habitarla en condiciones estamos dedicándonos a hacerle una profunda limpieza.


El nuevo hogar va haciéndose habitable.

¿Nos acostumbraremos a quedarnos en el mismo lugar después de años de nomadismo? Es la pregunta que nos están haciendo muchos amigos/as y la respuesta es que creemos que si. La motivación del bebé que va a llegar dentro de unos meses es muy fuerte y nos estamos centrando en eso. Además pensamos seguir profundizando en el viaje desde casa, a través de las miles de fotografías que hemos traído y que debido al ajetreo del mismo viaje no hemos podido utilizar, por lo que seguiremos colocando materiales en la página y vamos a preparar una proyección audiovisual con la que poder mostrar en persona la experiencia que hemos vivido en Sudamérica.

Continuaremos hablándote de cómo van las cosas, de los planes, de cómo nos adaptamos a la nueva situación y de otras muchas cosas.