Neguinha, historias del garimpo


Boa Vista, 25 de noviembre de 2007.

Si escuchamos el término “buscador de oro” nuestra mente posiblemente volará al Far West, al Lejano Oeste norteamericano del que tantas películas hemos visto, e imaginará a hombres con cedazos intentando sacar alguna “pepita” de oro de entre la arena de un río. Pero esa imagen no es propia exclusiva de allí sino que se ha dado en otros lugares del planeta, y de hecho todavía se da, sin cambiar casi nada, en el norte de Brasil y el sur de Venezuela.

Durante los años 80 y 90 la pequeña ciudad de Boa Vista (la capital del norteño estado brasileño de Roraima) era uno de los grandes centros mundiales de extracción de oro y diamantes y en sus calles, los pequeños negocios encargados de su compra se podían contar por centenares. Las cifras son difíciles de asimilar, imagina que en los tiempos de mayor actividad era posible, en un solo día, ver en su pequeño aeropuerto hasta 600 aterrizajes y despegues de avionetas que llevaban al personal y su material al garimpo (como se llama en portugués a este tipo de actividad extractiva) y traían lo encontrado, una gran cantidad de oro y diamantes.


Anuncio de uno de los establecimientos que todavía se dedican al comercio de oro y diamantes en la ciudad de Boa Vista.

Las condiciones en las que vivían quienes realizaban esta actividad eran extremadamente duras. El trabajo era agotador y tenían que dormir en tiendas de campaña en medio de la selva a cientos de kilómetros de cualquier localidad, vulnerables a las enfermedades y en un territorio sin ley.

La mayoría de las minas estaban localizadas en territorio yanomami. Afortunadamente en el año 1.991 el Gobierno Federal brasileño las homologó como Tierra Indígena y prohibió el garimpo, lo que alivió en gran manera la situación de los indios, que venían sufriendo las enfermedades traídas por el hombre blanco y contra las cuales no tienen defensas naturales, y una creciente contaminación cultural con lo peor de nuestro mundo, el alcohol, la prostitución, etc.

Cuando la actividad minera acabó algunos de los miles de garimpeiros se quedaron en el extrarradio de Boa Vista, donde vivían sus mujeres e hijos, pero muchos, sin vislumbrar otro futuro y picados por el mosquito del “puede que mañana encuentre la pepita de oro que me saque de la miseria” partieron para Venezuela, donde continúan en su búsqueda sin fin.


Así es el oro cuando se encuentra en la naturaleza.

En Boa Vista conocimos a Neguinha, una mujer alegre y llena de energía que vivió en el garimpo durante 5 años. Neguinha no pone reparos en contarnos su historia, la única condición es que no coloquemos su imagen.

¿De donde viniste?

Como la gran mayoría de los garimpeiros, vengo de una familia pobre del nordeste del país. Éramos gente de Maranhão, Ceará, Piauí, Pará, Rondônia,... Allí la situación era muy difícil. Entonces te encontrabas con alguien que había ido a las minas y regresaba con mucho dinero, suficiente para comprar ganado, casa, tierras, montar un comercio... Eso te hace pensar que tú puedes conseguir lo mismo. Por eso quise ir allí, para ver si realmente era cierto lo que decían.
No todos los que iban volvían así, lo normal era que quien salía no regresara nunca. Recuerdo un chiste que se contaba en mi ciudad en aquellos años: “Un burro se estaba rascando la espalda en la pared de una casa y sin querer toca con la pata en la puerta, “toc toc toc”, la dueña de la casa dice desde dentro: “puedes pasar, mi marido está en el garimpo”.

La perspectiva de enriquecerse de un día para otro hizo que muchos hombres, incluso padres de familia con hijos, dejaran sus casas y se fueran. Unos pocos volvieron ricos pero la gran mayoría se quedó en el garimpo y no volvió. Allí los hombres se encontraban con un mundo de prostitución, droga, y también ambición, envidia y muerte. Conozco una historia de dos cuñados que se fueron juntos a las minas, un día uno encontró una pepita de oro que pesaba un kilo y medio. Su cuñado lo mató y volvió a casa con el oro. Creo que todavía su mujer no sabe que fue él quien mató a su hermano.

Pero no todo era perverso, también hubo muchas historias de compañerismo, de pequeños grupos que pusieron todo lo que tenían para sacar en avión a un compañero enfermo, de gente que cargo a un amigo caminando durante días para salvarle la vida,... como en todos los lugares hay gente buena y mala.

En tu caso concreto ¿Cómo fue la decisión de ir al el garimpo?

Me peleé con mi pareja y en ese momento llegaron dos amigas que volvían de las minas. Me invitaron y no lo dudé, cogí una bolsa, metí la ropa que tenía y me fui, salí sin un céntimo.

¿Cómo fue el comienzo?

Empecé en el estado de Pará trabajando como cocinera. La actividad en las minas comenzaba muy temprano, me levantaba a las 4 de la mañana para hacer fuego. Después pasaba el día cocinando, preparando arroz, alubias y carne de sol.

Pensaba que conseguiría dinero fácil pero fue una desilusión. La vida era muy dura, cogí muchas malarias, conté 38, y alguna hepatitis. Nunca nadie me pego o me hizo daño. Sólo recuerdo a un borracho que intentó obligarme a dormir con él una noche. Subí a un árbol de la selva y no bajé hasta la mañana siguiente. Los aullidos de los monos me salvaron porque me asustaban tanto que no podía dormir y así no me caí del árbol. El hombre me pidió perdón por la mañana y nunca volvió a suceder nada. Las mujeres van al garimpo a trabajar como cocineras o prostitutas, éstas últimas llegaban al campamento, montaban unas tiendas de tela provisionales, hacían su trabajo, cobraban y se marchaban.

¿Cobrabas un sueldo?

El sueldo de las cocineras era fijo, un gramo de oro al día, 30 gramos al mes pero no daba para mucho porque allí todo llegaba en avioneta y era muy caro. Un paquete de tabaco costaba 1 gramo de oro y yo fumaba dos paquetes al día, o sea 2 gramos. Para pagarlo mendigaba entre los compañeros y también iba al río y trabajaba, sacaba algo de oro.

¿Tanto oro había?

Una noche la pasé en la tienda de campaña con 5 kilos. El dueño llegaría en avioneta a las 8 de la mañana, me llamaba todo el tiempo por la radio para ver si estaba despierta. Mi vida con aquellos 5 kilos de oro no valía nada, tenía un revólver pero la gente que lo había sacado sabía que lo tenía yo y también estaban armados, allí todo el mundo estaba armado.

¿Cómo se organiza el trabajo?

Normalmente se trabaja en un equipo de 4 personas más una cocinera. Los hombres trabajan con una máquina que va limpiando el fondo del río. Del oro que se saca, el 30% se divide entre los 4 garimpeiros y el resto es para el dueño de la máquina, que es quien realmente se enriquece. Ser garimpeiro es muy sufrido, el trabajo es duro y al final tiene que pagarlo todo, la avioneta, el diesel para la maquina, la comida,… Eso sin contar con los mosquitos, la malaria, los peligros,…

¿Cómo llega el garimpeiro a las minas? ¿Encuentra trabajo fácilmente?

Normalmente llega en avioneta. Lo hace porque ha escuchado alguna “fofoca”, algún rumor de que hay oro en el lugar. Llega, ata su hamaca en algún lado y espera a que surja una plaza, a que otro garimpeiro se marche. Nadie le invita, él tiene que llegar y esperar a que surja la oportunidad. Serán pocos días, dos o tres. Hay quienes llevan su batea (especie de cedazo) y van trabajando en solitario, normalmente son estos que descubren nuevas minas porque van a lugares todavía no explotados, cuando lo encuentran vuelven a la currutela (el poblado donde hay diversos servicios como un bar-almacén), toman unas cachaças, se emborrachan y sueltan el rumor.

No siempre un rumor es real, ya ha ocurrido que la gente llega a un lugar en el que no hay nada y después no tiene dinero para pagar el vuelo de vuelta. La situación se le complica y pasará mucha hambre.

¿Había indígenas en las áreas en las que estuviste? ¿Cómo era la relación con ellos?

Si, los yanomami. Normalmente teníamos una relación de trueque, ellos nos daban harina, beijú, pimienta,... y nosotros cuchillos, herramientas,…

Para ser sincera, cuando los conocí por primera vez pensaba que no eran como nosotros, que no eran personas. No podía entender su cultura, no lloraban, quemaban a sus muertos y comían las cenizas, realizaban infanticidio,... para mí no eran gente. Pero en una ocasión llegaron con sus hijos en brazos, enfermos de gripe, llorando e implorando desesperados que lleváramos a sus hijos a Boa Vista en el “guru-guru”, en la avioneta, para salvarles la vida. El blanco les había llevado las enfermedades. Allí entendí que éramos iguales.

¿Por qué dejaste el mundo del garimpo?

En el año 1.992, cuando el área yanomami fue homologada como Tierra Indígena la policía federal entró al garimpo para desmantelarlo. Yo, con años de trabajo, había podido hacerme con maquinaria y tenía un equipo trabajando para mí. Entonces llegaron a donde estábamos y destruyeron aquello en segundos. Metieron piedras en el motor y lo encendieron, cortaron las mangueras con machete, quemaron las tiendas,… no quedó nada. Cuando se fueron ni tan siquiera nos sacaron de allí. Éramos nueve personas y no teníamos comida. Tardamos 22 días en llegar a algún lado bajando en una balsa por el río. Pescábamos y parábamos en un lateral del río para hacer fuego y cocinarlo. A veces los peces venían llenos de lombrices pero con el hambre que teníamos nos los comíamos igual.

En aquel momento me enfadé mucho pero hoy pueden ofrecerme 3 kilos de oro por ir que no lo acepto. Tengo conciencia del mal que hicimos, de la destrucción que causamos, de la basura que quedó, no quiero más eso. Cuando llegué a Boa Vista me arrodillé y prometí nunca más volver al garimpo, aunque fuera en la puerta de mi casa, y así ha sido, ya han pasado 17 años.

¿Qué pasó con otros garimpeiros cuando se cerró el área yanomami?

Muchos se fueron al área de Raposa Serra do Sol pero eran minas de diamantes y no sabían trabajarlas bien, perdían dinero y se fueron enseguida para Venezuela. Creo que allá ahora hay más garimpeiros brasileños que venezolanos.

¿Cual es la situación actual del garimpo?

Disminuyó mucho pero no desapareció. No hay vigilancia de organismos federales, sólo están los indígenas. El garimpeiro encuentra la manera de llegar, sea andando, sea en canoa o avioneta. A veces los indígenas se enfadan con los garimpeiros y ocurre algún enfrentamiento. Después las cosas se tranquilizan durante un tiempo hasta que los garimpeiros vuelven.

Desde el aeropuerto ya no se puede volar sin autorización, las avionetas clandestinas salen de pistas en el lavrado (la sabana, el campo), pero hay radares y si es detectado el piloto tiene que dar miles de explicaciones, puede perder la avioneta e incluso ir a la cárcel.

Enlaces relacionados

Entrevista a Davi Kopenawa, líder yanomami.

Reportaje Centro Indígena de Formación y Cultura Raposa-Serra do Sol .



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