P. Laurindo y los yanomami


Boa Vista, 31 de octubre de 2007.

Laurindo nació en el sur de Brasil. Hijo de una familia de pequeños agricultores descendientes de italianos estudió magisterio, filosofía, teología y se ordenó como sacerdote. Pidió ser enviado a la orden de la Consolata en Roraima, el estado brasileño del norte de Brasil en el que nos encontramos, para ayudar a los indios yanomami.

“El encuentro con los indígenas me produjo una fuerte crisis porque yo llegaba del mundo religioso católico, con una formación filosófica y teológica en buenas universidades, pero nada de lo que había aprendido hasta entonces me servía con ellos” nos cuenta el padre Laurindo al principio de la charla, haciéndonos ver que su conversación nos va a introducir en un mundo cultural muy diferente al nuestro.

“Lo que os voy a contar no es montar en una avioneta, llegar allá y preguntar, te lo van revelando con el tiempo y lo vas aprendiendo con el tiempo”. El padre Laurindo lleva 7 años conviviendo con los yanomami en la selva y amablemente acepta compartir sus experiencias y conocimientos con todos nosotros/as.

Costumbres

Los yanomamis son fundamentalmente cazadores, pescadores y recolectores, y eso determina su cultura, su organización social y las relaciones humanas, desde las más simples a las más complejas. El hombre sale todos los días a cazar y pescar, y la mujer a buscar frutas. Últimamente se están iniciando en la agricultura.

Los animales que viven con ellos hacen parte de la familia y como tal, no pueden ser comidos. Los yanomami comen los huevos pero no las gallinas.

Los yanomami dicen que nosotros los blancos somos extraños porque cuando despertamos por la mañana comemos, cuando el sol está en lo alto volvemos a comer y comemos de nuevo cuando se oculta. Ellos salen diariamente a cazar y cuando regresan comen lo que consiguieron, todo, puede ser poco o mucho, no importa, no guardan nada, mañana será otro día. No se plantean que si tienen mucho lo podrían guardar para el día siguiente. Ni tan siquiera guardan la leña. Yo suelo pensar: ¿Por qué no traen más leña de la que necesitan hoy y si mañana llueve ya la tienen guardada? Pero para ellos no es así, las mujeres salen todos los días a buscar leña.

La mentalidad de cazador que utilizan en la selva la transfieren a su relación con el blanco quien en cierta manera se convierte en su pequeño “territorio de caza”. Por ejemplo, si llegaseis vosotros allí se acercarían y empezarían a pediros las cosas que lleváis, el reloj, las zapatillas, la cámara fotográfica,... son los objetos que quieren cazar. Si les dices que no, lo entienden y no ocurre nada. Si se lo das se quedan felices, lo llevan a la maloca (la gran cabaña comunitaria donde vive todo el grupo) y dicen a los demás: “conseguí engañar al blanco”. Si hubiese diez indígenas todos te pedirían algo porque si uno no lo hace, lo hará otro. Para nosotros es difícil porque ellos siempre están presionando, consiguen las cosas haciendo presión. A menudo repites “no”, “no”, “no”,... cien veces “no”, pero ellos siguen intentando hasta que te hartan y acabas rindiéndote. Es su forma de cazar en la selva, salen y si encuentran un mono en un árbol pueden estar todo el día acosando al animal hasta que consiguen capturarlo, esa misma insistencia la van a tener para conseguir tus cosas.

Esa mentalidad de cazador también crea situaciones que no van bien con otras actividades, como por ejemplo la recolección de frutas, porque un yanomami no espera a que una fruta madure y la arrancará verde, aunque apenas la pueda comer, porque si no lo hace él lo hará otro.

Espíritus

Mitología yanomami de la creación

La muerte

Elección del Xapori

Organización social

El clan

Infanticidio

Es un tema espinoso. Es una costumbre que viene de la concepción yanomami de que la vida del recién nacido no comienza en la fecundación o en el nacimiento sino cuando la madre lo acepta, cuando lo recibe en sus senos y le da de mamar. Hasta entonces no es persona, no hace parte del grupo.

Los yanomami consideran el futuro del bebé desde el nacimiento, ven si los padres van a tener posibilidades de criarlo adecuadamente, si viene débil y va a tener problemas, si va a ser una carga para el grupo,... Si deciden eliminarlo no lo entienden como un asesinato, creen que no ha llegado en su momento y que regresará más tarde, de una mejor manera o en una situación mejor. No es practicado por todos los yanomami, he visto familias numerosas que no lo hacen. El año pasado de 44 niños nacidos vivos en nuestra área 8 sufrieron infanticidio.

También tiene relación con el sexo del recién nacido porque en el nacimiento saben a menudo hasta con quien se casará, y como los casamientos son preferentemente entre primos cruzados, van equilibrando. No es una cuestión de eliminar sólo a las mujeres, o a los varones. Tener mujeres tiene ventajas porque en el futuro su marido tendrá que trabajar para el padre, cazar, pescar, cuidar del plantío,... hasta que tenga su familia constituida. Los varones también son bienvenidos porque hasta que se casen y constituyan su propia familia trabajan y ayudan a los padres.

En algún caso, a pesar de la negativa del clan, se ha salvado al bebé. Ese niño queda en la comunidad como si no hubiese nacido, socialmente se convierte en un muerto viviente, no es reconocido por nadie, es un gran sufrimiento para esa persona.

A veces ocurre que después de haber sido aceptado por la madre se dan cuenta de que el niño tiene alguna limitación. Entonces lo cuidarán como a los demás. El clan puede criticar a la madre por no haberse dado cuenta, la tratan de irresponsable: “¿Cómo no vio al nacer que no estaba bien? o ¿No lloró? Porque no llorar al nacer es entendido como una mala señal. Pero como decía, una vez que ha sido aceptado es parte del grupo y será cuidado durante toda su vida como los demás.

Es un tema muy difícil de entender fuera de su contexto. En el parlamento brasileño hay diputados que se están movilizando para criminalizar no sólo a las madres indígenas que lo practican sino también a quien es testigo y no lo evita, con lo que nos puede afectar a las personas e instituciones que trabajamos con ellos.

Pero los yanomamis dicen claramente que se trata de una cuestión suya y que los blancos no pueden inmiscuirse, que es una cuestión cultural.

La familia yanomami

Sexualidad

Guerra

Castigos

El casamiento

Educación

Supervivencia cultural

Conflictos dentro del grupo

Prepararse para el encuentro

El contacto ya está ocurriendo y no es justo mantenerlos aislados. Son libres y tienen el derecho de ir y venir, de relacionarse, de tomar sus propias decisiones. No debemos tratarles como niños, como personas incapaces de asumir sus responsabilidades.

La organización CCPY (Comisión Pro-Yanomami) quiere prepararles para el encuentro lo más rápido posible, aunque esa preparación ya implique cambios culturales, porque considera que esta sociedad ya está entrando en su mundo.

Nosotros, como diócesis, adoptamos un proceso más lento donde lo importante es reforzar la identidad de las comunidades, dejándoles que ellos dentro de su proyecto histórico de vida decidan y opten por su destino. Nos preocupamos de que ellos puedan introducir los nuevos cambios dentro de su propio proyecto sin que éste pierda su sentido.

Tenemos que tener cuidado al crear el puente entre estos dos mundos, porque el nuestro tiene mucha malicia y el suyo es muy ingenuo. Por ejemplo, si llega alguien donde ellos con claras intenciones de robarles las tierras pero les lleva un regalo ellos creen que es un amigo, bajan las defensas y confían en él. Su cultura les dice que sólo un amigo les daría un regalo porque entre ellos el intercambio de regalos es un reconocimiento de la amistad y nadie regala nada a alguien a quien le quiera hacer algún daño. No conocen la falsedad, no son capaces de imaginar que un “fazendeiro” (terrateniente) que les regala carne, leche, herramientas,… lo pueda hacer con la intención de quedarse con sus tierras. Los yanomami no consiguen concebir esto, nosotros queremos trabajarlo para que puedan defenderse de esta gente.

Población yanomami

Proyectos de salud y educación

Hemos realizado varios proyectos de salud y educación con la ayuda de UNICEF, como la formación de microscopistas, de maestros y de agentes indígenas de salud.

En los años 90 la malaria atacó violentamente la región y quisimos formar personas de las propias comunidades que pudieran hacer los exámenes, facilitando el trabajo de detección y tratamiento. Inicialmente conseguimos los microscopios y dos cursos anuales que duraban de 15 a 20 días de formación de microscopistas en los que aprendían a pinchar el dedo, recoger muestras de sangre y leer las laminas en el microscopio. Fue un trabajo que duro tres años.

También formamos agentes indígenas de salud porque hay enfermedades que son propias y que ellos mismos saben identificar y tratar pero hay otras que fueron traídas por los blancos y para combatirlas dependen de nuestras medicinas. Lo que se propuso fue que ellos pudieran reconocer los síntomas de esas enfermedades y saber lo que tendrían que hacer para curarse, así cuando el blanco no esté más con ellos podrán seguir diagnosticando. Fueron dos cursos anuales donde se les enseñó sobre malaria, diarrea, enfermedades infecto-contagiosas, odontología,... Ellos tienen una buena preparación, tanto que ahora son capaces de diagnosticar una neumonía escuchando los pulmones de un niño.

También mantuvimos dos cursos anuales de maestros en los que se formaron para que pudiesen trabajar dentro de sus malocas de acuerdo con su forma de enseñar y aprender y con su filosofía. El objetivo era dar formación y autonomía a las comunidades.

SIDA

Visión religiosa del Padre Laurindo con respecto a los yanomami

Consideraciones del padre sobre evangelizar



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