Ingenios de caña de azúcar


Areias, 27 de enero de 2007.

Larissa nos invita a conocer la casa de sus abuelos, localizada en un ingenio azucarero en el interior de Paraíba, a unos 100 kms de João Pessoa, y nos habla de la historia de su familia, muy interesante para saber que significaban durante el siglo pasado los ingenios productores de azúcar.


Glauber y Larissa.

Larissa nos cuenta:
“Los ingenios producían azúcar y rapadura (un alimento muy dulce sacado también de la caña), y sus dueños eran personas muy ricas e influyentes. En este pequeño pueblo, Areias, por ejemplo, construyeron el segundo teatro más antiguo de Brasil, y uno de los pocos construidos por particulares. Las compañías extranjeras que sólo iban a las grandes capitales llegaban a Recife y eran invitadas a venir aquí.


Fachada de la casa.

La casa se construyó entre 1920 y 1924. Cuando mi abuelo se casó mi bisabuelo eligió un local dentro de la propiedad donde construir una casa para la nueva familia. Mi abuelo, viajando por Brasil conoció a un ingeniero inglés que estaba construyendo la ferrovía en San Pablo y le encargó el proyecto de su nueva casa pidiéndole que hiciera algo diferente a lo que existía hasta entonces. Decidieron emplear una tecnología nueva en aquellos años, el cemento. Antes se usaba una estructura de madera entrelazada rellena con una argamasa de barro, las paredes eran muy gruesas. Los albañiles no confiaban en el nuevo material y tuvieron miedo de seguir los planos al pie de la letra por lo que dieron a las paredes el mismo grosor que con el barro, 40 o 50 cm.


La cocina, la casa tiene un toque antiguo muy hermoso.

Normalmente las casas eran construidas en la parte más alta de las propiedades para que el señor del ingenio pudiera vigilar la producción desde su casa pero mi abuelo tenía una relación de confianza muy especial con los trabajadores y no necesitaba estar encima de ellos para que hicieran su trabajo por lo que la construyó abajo, más cerca del agua.


Junto a la casa se encuentra un pequeño lago.

En aquellos años era común que la gente que era aceptada para trabajar en la hacienda viviese en ella. Recibía permiso para poder construirse una pequeña cabaña y un espacio donde se cultivase los alimentos para el consumo de la familia. Actualmente la ley laboral es muy compleja y quien lleva unos años viviendo en un lugar puede reclamar como propio ese espacio, por lo que los dueños ya no permiten a los empleados construir viviendas dentro de la hacienda. Podéis ver que en las haciendas vecinas no hay familias viviendo dentro, fueron indemnizadas y retiradas para evitar problemas legales. Pero mi abuelo no retiró a nadie, confiaba en que le respetarían y no tendría problemas y realmente nunca hubo ninguna acción legal contra él. Antiguamente eran más de 20 familias las que trabajaban y vivían aquí, hoy quedan ocho, la región está en decadencia y los jóvenes dejan el campo para marchar a las ciudades en busca de mejor suerte.

Antiguamente delante de la casa había una bodega, una especie de mercadillo en el que se vendían los víveres a los moradores que no tenían condiciones de moverse hasta la ciudad para hacer las compras. Al lado de la bodega había una casa de harina de mandioca, este alimento era y es la base alimenticia de muchas familias de pocos recursos, con esta harina se hace el biju, tapioca, tartas,… es una fuente de alimento muy nutritiva.


Maquina que se utilizaba en la elaboración de la rapadura.

Mi abuela se formó en educación y pidió un pequeño edificio con sillas y mesas que hiciese de escuela. A pesar de estar recién formada enseñaba a la gente que vivía en la hacienda, no aceptaba que alguien viviera aquí y no supiese leer o escribir.

La propiedad se llama “Varzea do Quati” y la de al lado “Gamelera”, que es el nombre de un árbol. Antes formaban parte de la misma. Mi abuelo quedó viudo de su primer matrimonio y después se casó con la que sería mi abuela. Para que no hubiera problemas en el reparto de las tierras dejó la “Gamelera” para los hijos del primer matrimonio y “Várzea do Quati” para los del segundo.


El lugar de encuentro familiar es el salón de la casa, muy grande.

Mi tío Alexandre conoce una leyenda sobre como pasaron estas tierras a nuestra familia que no creo que sea totalmente cierta porque mi tío exagera un poco pero tal vez tenga alguna parte de verdad. Dicen que mi tatarabuelo recibió esta data (así se llamaba antiguamente en Brasil a un pedazo de tierra) como premio a ser un héroe en la guerra del Paraguay.

Entre 1864 y 1870 Brasil, Uruguay y Argentina se aliaron contra Paraguay y destruyeron el país, una guerra injusta, bueno, como son todas. En ella participó un grupo de soldados de Pernambuco y entre ellos estaba uno de nuestros antepasados. En aquella época las órdenes a la tropa eran dadas con toques de corneta. El puesto de corneta era tranquilo porque quedaba cerca de los mandos y no tenía que pelear cuerpo a cuerpo. Dicen que nuestro pariente no era un tipo muy valiente y salió voluntario para el puesto asegurando que tenía experiencia. Aprendió lo mínimo para salir del paso pero en un momento crítico de una batalla importante el nerviosismo le jugó una mala pasada y cuando recibió la orden de anunciar retirada se confundió y con la corneta trasmitió la orden de atacar. Los soldados pensaron que llegaban refuerzos y se lanzaron con más energía contra el enemigo haciéndolo huir. El enfado del comandante del primer momento cambió enseguida cuando vio el resultado del error y nuestro pariente fue aclamado como un héroe. Como premio recibió unos 300 kms cuadrados aquí, en el fin del mundo, porque en aquella época, sin carreteras, nadie quería venir a estos parajes. Más adelante el espacio se redujo mucho porque fue llegando gente y él no podía controlarlo todo, quien llegaba marcaba un espacio y se quedaba.

Antiguamente toda esta región estaba cubierta de mata atlántica (selva atlántica), yo llegué a ver un pequeño trozo de la hacienda con selva pero ya no queda nada. La plantación de caña de azúcar acabó con los bosques y cuando el ciclo de la caña terminó los cultivos se convirtieron en pasto. Hasta los años 70 la caña todavía daba dinero, especialmente la rapadura porque hasta poco antes era el único endulzante que existía por aquí pero después entró en una profunda decadencia.



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