Gilson, buscándose la vida en Salvador


El sol apenas ha comenzado a levantarse e ilumina el Pelourinho, el casco antiguo de Salvador de Bahía, con sus bellas casas antiguas y sus plazas adornadas de cocoteros. Como si hubiese tocado una campana, la población comienza la dinámica diaria y sale a la calle para dirigirse a la escuela y al trabajo. Un punto de especial actividad es la plaza del Ayuntamiento, el lugar donde se encuentra el elevador Lacerda, el ascensor que une la parte alta y baja de la ciudad. Aquí, como si se tratase de un hormiguero, el movimiento es fluido y constante, con personas que suben y bajan, que van y vienen en cualquier dirección. Además de zona de paso, para unos pocos, también es área de trabajo, hay quien aprovecha este flujo de gente para intentar sacar unos reales con la venta de cualquier cosa, desde tarjetas telefónicas hasta recuerdos para los turistas. Nosotros también nos dirigimos temprano al edificio del elevador, no para cogerlo, si no porque en el primer piso se encuentra la oficina del PNUD (Naciones Unidas para el Desarrollo), donde estamos trabajando durante nuestra estancia en Salvador.
Diariamente pasamos por la plaza varias veces y entre la gente encontramos a estas personas que nos ofrecen sus productos. A fuerza de vernos, comenzamos a saludar y enseguida entablamos conversación. Con quien tomamos más confianza es con Gilson, un simpático vendedor que ofrece a locales y turistas los botellines de agua que mantiene fríos dentro de una caja de poliespán. Este amigo nos explica su forma de vida y la de otros vendedores ambulantes de este lugar.

¿Cómo es la situación de las personas que os dedicáis a trabajar aquí?

Gilson: Estamos desempleados y ésta es la única manera que hemos encontrado para poder sobrevivir. Yo me dedico a la venta de botellines de agua. Los compro a 0,55 reales (0,2 €) y los vendo por un real (0,4€). La jornada de trabajo dura unas 10 horas, generalmente de 9:00h a 19:00h, en la que consigo entre 10 y 20 reales (3,5 y 7 €). No descanso, trabajo incluso domingos y días de fiesta.

¿Hace mucho que te dedicas a esto?

Hace dos años que estoy con el agua, antes vendía café en los carritos con forma de camión típicos de aquí, de Salvador, pero mi verdadera profesión es cocinero, es algo que me encanta pero de lo que no consigo trabajo porque no terminé la secundaria. Hace poco un amigo, jefe de cocina en un pequeño restaurante, me pidió el currículum, va a intentar conseguirme algo, a ver si sale. De cualquier manera dejaré de vender agua, cada vez está más difícil, hay mucha gente haciendo lo mismo y las operadoras de turismo empezaron a ofrecerla a los turistas gratis en los buses, ya apenas nos compran. Además andar con la caja todo el día cansa mucho, cuando está llena pesa unos 15 kilos. Estoy pensando en vender souvenirs, mucho menos peso y un margen mayor.

El equipo de trabajo de Gilson es esta caja de poliespán que aísla del calor y mantiene las bebidas frescas, con ella anda todo el día.

En el interior algunos vasos y botellines de agua y algunas latas de refresco.

¿Con lo que ganas da para vivir?

Malamente. Estoy divorciado de dos mujeres y tengo 4 hijos que viven con sus madres pero colaboro en su manutención. No puedo pagar un alquiler, soy un “sin techo”, vivo en un edificio público que fue abandonado y ocupado por gente sin recursos que nos organizamos para dividir el espacio. Allí todos nos respetamos. Nuestra situación de ocupación está legalizada con la policía, no pueden nos desalojar, el mismo Lula lo dijo: “casa para todos”.

¿Qué crees que es necesario para que las cosas mejoren?

No soy optimista. Es muy difícil conseguir empleo, especialmente si no tienes los estudios terminados. El nuevo alcalde prometió maravillas pero hasta ahora sólo está dando trabajo a sus familiares y ni tan siquiera paga los sueldos de los funcionarios, ya habéis visto que aquí siempre hay protestas. Hay demasiada corrupción, los políticos roban mientras los servicios públicos, la salud, la educación,… están abandonados. La desigualdad es terrible, unos pocos tienen mucho mientras la mayoría no tenemos nada. Hay funcionarios que acumulan dos o tres empleos, ¿Cómo puede ser eso si hay tanta gente sin trabajo? Además los negros sufrimos una gran discriminación, y es de los de aquí, los extranjeros nos tratan bien. Las cosas no deberían ser así.

Gilson con dos compañeros esperan a que los turistas bajen del autobús.

Marcelo es un amigo de Gilson que se dedica a la venta de collares para los turistas.


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