HomenaGente

Cuando en casa preparaba el viaje anterior en bicicleta, el que supuestamente iría desde mi ciudad, Vitoria-Gasteiz, hasta Estambul, y que sin saberlo entonces, al final se convirtiría en una vuelta al mundo, soñaba con las experiencias que tendría en el camino, desde los paisajes que disfrutaría hasta la historia que aprendería pasando por las aventuras que iría a vivir. Tengo que reconocer que aunque encontrar gente también estaba en los planes no sé si tal vez por timidez o por miedo a lo desconocido la predisposición no era total. Probablemente era lo segundo, miedo. Estamos mal informados por los noticiarios, muerte, dolor, guerra, tragedia, es el 70% de sus contenidos, el otro 30% fútbol. Con ese lavado de cabeza sales de casa pedaleando al encuentro de lo desconocido esperando lo peor, creyendo que detrás de cada esquina hay alguien acechando esperando para llevarse tu bicicleta. Todavía recuerdo el miedo que pasé en los caminos rumanos cuando pinchaba y me quedaba parado, solo, reparando la bicicleta, me lo habían puesto tan peligroso que dejaba la navaja a mano por si fuese atacado.
El caso es que en Rumanía no me asaltaron nunca y encontré lo contrario, gente extraordinaria, experiencias humanas inolvidables.
En aquel primer viaje llegué a la conclusión de que las personas que encontraba en el viaje eran mucho más interesantes y enriquecedoras que el monumento más hermoso que pudiera visitar, el verdadero motor del viaje era la persona que iba a conocer un poco más adelante. Cuando conocía una persona con la que entablaba una relación especial me invadía el siguiente pensamiento: “No importa cuantos kilómetros en bicicleta he tenido que hacer desde mi casa para llegar aquí, sólo por conocerte, ha valido la pena”. Lo pensé en muchas ocasiones. Por eso nunca me arrepentí de haber comenzado aquel viaje.

Muy a menudo Miyuki y yo nos sentimos tentados a homenajear en la página a la gente que vamos conociendo en el viaje pero nos resistimos porque no deseamos que ésta se vuelva un panel de agradecimientos y porque no podemos meter a todos/as, por no dejar de poner a algunos amigos/as no ponemos a nadie. .

Después de Curitiba, São Paulo y ahora Santos, de sentir lo que hemos sentido con viejos y nuevos amigos, vamos a hacerlo. Este homenaje va directamente por los que hemos visitado y conocido en el último periodo pero indirectamente también por tantos excelentes amigos argentinos, uruguayos y brasileños que hemos conocido antes, a los que tanto queremos y que sin duda deberían estar aquí, no están todos los que son pero son todos los que están.

Empezamos con Álvaro y Bia. Álvaro no sólo fue quien nos presentó a Miyuki y a mí en Curitiba, sino que desde que nos conocimos, ha sido como un hermano para nosotros. La pareja va a tener a Daniel en pocas semanas.

Si Álvaro es nuestro hermano, Cayo es nuestro padre. El director del Centro Cultural Brasil-España en Curitiba también puso su grano de arena para que nos conociésemos. “Muito boa gente”, le adoramos, merecería una estatua en Curitiba y otra en Calahorra, su lugar de origen.

No puede faltar, Ernani. Nos lo presentó Álvaro en el viaje anterior y nos invito a pasar unos días en su casa en Santo André. Excelente amigo, Ernani es una persona con la que puedes pasar horas charlando. Además de con él, hemos tenido la suerte de compartir una temporada con sus padres, Félix y Paquita, a quienes también queremos muchísimo. Paquita nació en Granada pero fue a Brasil con 8 años. Persona extremadamente amorosa y sensible, es una madre para nosotros.

Ernani nos puso en contacto con el más divertido ciclista que hemos conocido, Diogo. A este futuro ingeniero químico le vuelve loco la mecánica de bicicletas y se ha encargado de dejar a nuestra “Victoria-Gasteiz” lista para hacer unos cuantos miles de kilómetros en las peores condiciones. “Si tenéis cualquier problema con la bici en cualquier lugar, no dudéis en llamarme que os lo soluciono por teléfono”.

Gabriel, de Santa Fé. Encontrarnos con él ha sido volver a encontrarnos con la alegría y cordialidad argentina y recordar a tantos amigos/as que tenemos en aquel país.

Ricardo, peso pesado, nuevo amigo pero como si fuese viejo. Hace unas semanas no nos conocíamos. Le llegó el último boletín diciendo que estábamos en São Paulo y nos mandó un email para entrar en contacto. Hemos compartido un montón de cosas, desde su conocimiento de la ciudad (es arquitecto) hasta sus ganas de salir en bicicleta a conocer el mundo, algo que con seguridad hará, ya que tiene lo más necesario para ello, una extremada sensibilidad.

Y Ricardo nos ha presentado a su compañera Juliana y a su ex compañero de piso Felipe, con quien hemos pasado también unos días en su apartamento. Cocinero hábil y conversador delicioso, charlas interminables y momentos divertidos, gente a la que también querer.

Los amigos ciclistas nos acompañan hasta Santos y allí literalmente “nos dejan en manos de…”

…Ayres y Marcia. Junior desde Curitiba nos mandó no dejar de visitar en Santos a su padre, quien en dos días se ha convertido en el nuestro. Nosotros nos dejamos querer y disfrutamos mucho con ellos.

Viajar solos en bicicleta, viajar si, pero solos, muy pocas veces.